Digna hija de su padre

Enriqueta Calvo Sotelo Grondona (1920-2022)

 

El 5 de abril fallecía en Madrid Doña Enriqueta Calvo Sotelo Grondona, a los 101 años, después de vivir una vida extraordinaria de una manera igualmente extraordinaria. Última superviviente de la progenie de Don José Calvo Sotelo (Tui, 1893 - Madrid,1936), Doña Enriqueta se despidió del mundo yendo hacia la muerte con la misma naturalidad con la que había nacido, como ella misma tan bellamente expresó.

Su vida y la de toda su familia sufrió un zarpazo terrible en la madrugada del 13 de julio de 1936 con el asesinato de su padre, el político de origen gallego Don José Calvo Sotelo, líder del partido derechista Renovación Española. Ese magnicidio paró el pulso de España, precipitó la guerra civil española, y destrozó una familia feliz y muy unida. Doña Enriqueta tenía entonces 15 años y esa madrugada no pudo sentir el último beso de su padre antes de que se lo llevaran para asesinarlo, pues estaba con fiebre y profundamente dormida. Pocos días después del asesinato de Don José, toda la familia Calvo Sotelo Grondona subió al último tren con destino a Lisboa que salió de Madrid antes del inicio del Alzamiento Nacional del 18 de julio.

Fue de una nobleza extrema la reacción frente a la adversidad de su madre, Doña Enriqueta Grondona (Toledo, 1893-Madrid, 1971); al volver del cementerio donde acababa de enterrar a su marido, cogió las manos de sus cuatro hijos y les dijo: “nosotros somos cristianos y vamos a perdonar, como Cristo perdonó desde la Cruz”.  Doña Enriqueta amó profundamente a esta madre, que tanto sufrió los distintos avatares de la carrera política de su marido; desde las críticas de los más inmovilistas ante sus reformas cuando era ministro de Hacienda, pasando por los años de destierro en Portugal y Francia, hasta el vil asesinato del marido. “Nadie es más rico que aquel que tiene a su madre (…) En su dulce y cálido regazo todas las penas se vuelven chiquitas y lejanas, como estrellas que tiemblan detrás de la niebla” -escribió Doña Enriqueta en 1960, en honor a su madre. Hasta el final vivió muy cerca de ella, en el barrio madrileño de Chamartín, y con gran pesar la despidió a su muerte en 1971.

¿Pero qué fue de aquella Enriqueta de 15 años que salió de nuevo al exilio salvador pocos días de quedar huérfana de padre? Podemos decir con satisfacción que fue muy feliz. Se casó a los 19 años con un ingeniero de origen gallego, 15 años mayor que ella, llamado Marcial Campos Fariña, (Cuntis, 1905- La Coruña, 1995), con el que tuvo doce hijos a lo largo de cincuenta y cinco años de feliz matrimonio, de los que le han sobrevivido diez hijos. Su vida transcurrió entre Madrid y Galicia, donde solía acompañar con frecuencia a su marido, Marcial, que dirigía el balneario de Cuntis, en Pontevedra, entre otras labores profesionales.     

Según testimonio de familiares cercanos, la mirada de Doña Enriqueta “irradiaba cariño”. Era una mujer profundamente religiosa y creyente que nunca conoció el rencor. Tenía muy buen carácter y no solía enfadarse por nada. En su casa siempre había mucha gente, y tenía la costumbre de disponer cubiertos de más en la mesa para los amigos de sus numerosos hijos. Le apasionaba escribir; lo hacía desde muy chica, y escribía muy bien. Cualquier cosa que despertara sus emociones quedaba plasmada inmediatamente en sus cuadernos. La lectura, el cine y el teatro eran sus mayores aficiones. Era frecuente que asistiera a dobles sesiones de cine. En verano, tomar el sol y nadar en la playa de Areas era su mayor alegría. Siempre se mantuvo muy cercana de su madre y de su hermana Conchita.

Su buen carácter y su templanza no fueron obstáculo para que defendiera con gran decisión y contundencia la memoria de su padre. Les invito a que lean su memorable artículo publicado en el ABC el 13 de julio de 2006, que tituló: “A los setenta años del asesinato de mi padre”. Cito este párrafo que me ha emocionado particularmente: “Nos enseñó a amar a España desde que nacimos (…) sólo con su ejemplo, con ese amor suyo tan hondo que se nos fue filtrando dentro del alma a nosotros sin darnos cuenta. Yo bendigo a Dios por sentir el amor a la Patria vivo en mi corazón y creo que es la mejor herencia que nos dejó mi padre”.

Con ocasión de la remodelación de la Plaza de Castilla de Madrid, en 1990, se desmontó el monumento erigido en memoria de José Calvo Sotelo, que desde el 14 de julio de 1960 se encontraba  presidiendo dicha plaza. Dos años estuvo el monumento esperando su nueva ubicación, lo que dio ocasión al periódico El País a demostrar, como siempre, su villanía, con un artículo aparecido el 11 de septiembre de 1991 titulado: “José Calvo Sotelo espera en la mediana”. Harta ya de tanta dilación, Doña Enriqueta se puso en contacto con la autoridad competente para pedir que reconstruyeran el monumento de una vez, lo que se hizo sin más tardanza. Este monumento forma parte del patrimonio histórico artístico municipal y actualmente se encuentra en un estado manifiestamente mejorable.

Conforme es el árbol, así es el fruto -dice un refrán castellano. El árbol que aquellos asesinos troncharon en la madrugada del 13 de julio del 1936 ha seguido dando muchos frutos. Sólo de Doña Enriqueta salieron once ramas, igual de fuertes y fértiles, igual de brillantes que el abuelo. Ella se fue feliz de esta vida, tras dejar tan numerosa descendencia, a los brazos de sus dos padres: el Padre Eterno y su padre terrenal, tan largamente añorado. ¡Descanse en paz, Doña Enriqueta, digna hija de su padre!

 

Fe Saldaña. Familiares de Víctimas de la Revolución Española.