Verdad Histórica de Luis Moscardó Guzmán (1912-1936)

Luis Moscardó Guzmán

luis moscardo guzmán

1912-1936

   Si ustedes visitan actualmente el Alcázar de Toledo, lo más probable es que el guía no les diga la verdad sobre el destino del joven hijo del coronel Moscardó, Luis Moscardó Guzmán. Sobre cómo y dónde murió, sobre quiénes lo mataron y por qué. Y hasta puede que ose decirles que Luis Moscardó murió luchando en el cuartel de la Montaña, el 21 de julio en Madrid. La burla, la negación, la mentira, y la destrucción de pruebas son las tácticas más utilizadas en la estrategia izquierdista para borrar sus derrotas y sus crímenes. Recordemos que la difunta ministra de Defensa Carme Chacón definía, en 2008, como “falso histórico” los sucesos del sitio del Alcázar. Dentro del saco de “falsos históricos” entran, claro está, todos los hechos que no les gusta recordar a quienes perdieron la guerra civil, y entre los miles de hechos de esa guerra, ninguno tienen más atragantado que la épica defensa del Alcázar de Toledo. Y es que la denodada lucha que protagonizaron aquellos valientes españoles en el Alcázar de Toledo  fue conocida en todo el ancho mundo, y sigue siendo recordada y celebrada por toda la gente de bien hasta el día de hoy.

   El papa Juan Pablo II (Wadowice, 1920-Roma, 2005), en su primer viaje a España en 1982 insistió en visitar El Alcázar de Toledo, - “l´Alcassar”, como él lo pronunciaba-, pero los obispos al mando no juzgaron oportuna esa visita. El Papa  se tuvo que conformar  con verlo desde un helicóptero y lo bendijo desde el cielo. “¡Toda Polonia rezaba por l´Alcassar!” -recordó el Papa que más luchó contra el comunismo.

   En julio de 1936, en Estados Unidos, un joven de 23 años que en 1981 se convertiría en el 40º presidente de los Estados Unidos - Ronald Reagan-, seguía sin aliento el desarrollo de los acontecimientos de Toledo, como millones de personas dentro y fuera de España. Nunca lo olvidó. Cuando José Pedro Pérez Llorca, ministro de Asuntos Exteriores con la UCD, fue a visitarle el 9 de julio de 1981, Reagan pasó un cuarto de hora hablándole entusiasmado del general Moscardó y de su gesta y reclamando saber más detalles de la misma. -What a man!  - exclamó. ¡Un hombre admirable que no había dudado en sacrificar la vida de su hijo  antes de rendir El Alcázar a los comunistas! Pérez Llorca no daba crédito a lo que escuchaba. ¡Más de 40 años después de los hechos allí estaba uno de los hombres más poderosos de la tierra alabando el espíritu de sacrificio y el valor del general José Moscardó Ituarte!

   El efecto de la valiente defensa del Alcázar de Toledo tocó incluso algún corazón encallecido de los que en Madrid mataban por odio ideológico y de clase. El testimonio del anarquista Gregorio Gallego (Madrid, 1916-2007) sorprende por su sinceridad: “Confieso que el capitulo de la perdida de Toledo nunca he podido digerirlo- escribía en 1976-. Para un pueblo tan imbuido de leyendas heroicas y de gloriosas tradiciones militares como el nuestro, la obstinación de los encerrados en el Alcázar tenía mucho de sublime, algo que a todos nos conmovía”.

   En el castigado frente de la sierra de Madrid, sometidos a bombardeos y ataques continuos, el páter José Caballero (1899-1983), escribía esto en su diario el 24 de septiembre: “Ruedan noticias optimistas: ¿se ha tomado ya el Alcázar? Vivimos pendientes de esa gran gesta”. La noche del 27 de septiembre de 1936: “Llego hecho polvo, pero me reanima el entusiasmo de todos: el parte oficial de la noche nos ha dicho que hoy se ha tomado el Alcázar. El mundo éste, vil y de gusanos, ya tiene un ejemplo. ¡Y vaya ejemplo!”. El 29 de septiembre, muerto de frío por la noche escribe esto: “Nos cae encima una noche de frío intenso. (…). Intento dormir. Lo de Toledo nos recalienta el alma”.

   Lo de Toledo fue muy grande. Tanto que los ojos de Stalin en España, el judío ruso Mijail Kolstov, se desplazaba todos los días a Toledo, a una hora de Madrid, para comprobar los avances del asedio, preocupados rusos y rojos por el enorme eco que estaba teniendo en todo el mundo la resistencia de un puñado de valientes dentro del venerable edificio.

   Pero volvamos al humilde y valeroso protagonista de nuestra historia. Volvamos con Luis, y recordemos cómo fueron sus últimos días de vida en este mundo. Cuando el 17 de julio a las 17 horas se produjo la sublevación del ejército de África, el coronel Moscardó se encontraba en Madrid, a punto de salir hacia Berlín, vía Barcelona. Regresó de inmediato a Toledo donde vivía con su esposa, María Dolores Guzmán Palanca, y dos de sus hijos: Carmelo, de 16 años, y Luis, de 24 años, que estudiaba para ayudante de Obras Públicas. El hijo mayor, José, teniente de Infantería, de 28 años, estaba esperando a su padre en Barcelona, junto con otros profesores de la Escuela Militar de Gimnasia de Toledo, para viajar a las Olimpiadas de Berlín. Miguel, de 26 años, era teniente de Regulares y estaba destinado en el norte de África, y María, de 19 años, estaba de vacaciones en Portugal con unos parientes. De vuelta en España, en Valladolid, María concedió una entrevista al reportero Manuel Gómez Domingo, el 28 de septiembre de 1936. Aún ignorante del destino de sus hermanos y padres, pues llegaría a Toledo al día siguiente, describió a Luis como “muy español, muy entero y bueno”. “Es ya un hombre de veinticuatro años, pero en el fondo un niño, un niño grande”- explicó la joven.

   Comenzada la guerra, la sarracina revolucionaria se desencadenó en la retaguardia roja. Madrid, el sábado 18 de julio a las ocho de la tarde quedó convertida en una trampa mortal para la gente de bien. Sin misericordia” - fue la consigna dada por el Partido Comunista a sus miembros antes de tomar el cuartel de la Montaña el 21 de julio, como confesaría el comunista Enrique Castro Delgado años más tarde. En Toledo, el coronel Moscardó tomó el mando de la guarnición y proclamó el Estado de guerra, uniéndose así a la sublevación, pero el día 21 de julio llegó desde Madrid una columna enviada por el gobierno del Frente Popular, por lo que se atrincheraron en el Alcázar, entonces Academia de Infantería. Eran 1.290 defensores en total, más 550 mujeres y 50 niños, familiares de los 690 guardias civiles procedentes de toda la provincia, que se sumaron a la guarnición sublevada de Toledo. Todos estaban dispuestos a resistir hasta el final, aun encontrándose a mucha distancia de las tropas sublevadas, pues conocían de sobra el atroz final de los defensores del cuartel de la Montaña. El sitio duró desde el 21 de julio hasta el 27 de septiembre; cayeron sobre el Alcázar miles de proyectiles de artillería y centenares de bombas de aviación. Los defensores hicieron frente a ocho asaltos generales directos y a la explosión de dos potentísimas minas excavadas bajo los cimientos del edificio, cuyo estruendo pudo escucharse a 70 km de distancia de la ciudad. Murieron en el transcurso del sitio 110 defensores. 11 muertes más se produjeron por causas naturales.

   Luis quiso entrar a luchar en el Alcázar desde el primer momento, y llamó a su padre por teléfono  para comunicarle su decisión, pero su madre le rogó que no la desamparara y que se quedara con ella y con su hermano pequeño, Carmelo. Luis, muy contrariado, tuvo que aceptar. Poco después, la esposa y los dos hijos del coronel Moscardó fueron reconocidos  en casa de unos amigos y arrestados por las milicias frentepopulistas, que buscaban afanosamente por toda la ciudad a gente sospechosa de ser de derechas, o simplemente cristianos. El 23 de julio tuvo lugar la famosa conversación telefónica protagonizada por el diputado de Izquierda Republicana, Cándido Cabello Sánchez (1886-Consuegra, 1938), en la que se sometió a un miserable chantaje al coronel Moscardó para que rindiera el Alcázar a cambio de la vida de su hijo. El coronel se negó, como es bien sabido. Hasta el fin del asedio el coronel Moscardó mantuvo la esperanza de que la amenaza de asesinar a su hijo Luis no se cumpliría, pero estaba equivocado, porque su hijo fue fusilado al cabo de un mes, la noche del 23 al 24 de agosto, en una terrible saca de 80 personas, conocida como la “saca de la puerta del Cambrón”, pues por aquella puerta salieron las víctimas de aquella matanza.

   Los rojos la justificaron, y aún la justifican, como una reacción de “ira incontenible del pueblo” ante un bombardeo -de la aviación roja- que causó ocho víctimas mortales en Toledo, pero lo cierto es que las “milicias enfurecidas” del Frente Popular que tomaban las cárceles al asalto, siempre llevaban la consabida lista negra en la mano, con los nombres de los condenados. Lo cierto es que quienes en la noche del 23 de agosto arrastraron a los dos hermanos Moscardó a la muerte sabían perfectamente a quiénes llevaban a fusilar; los condenaron a muerte solo por ser hijos del jefe de los defensores del Alcázar. Luis tuvo el consuelo de ver como su hermano pequeño, Carmelo, se libraba (al menos ese día) de la muerte, pues lo soltaron en el último momento de la cuerda de reos al interceder por él un miliciano; “Tan joven es cobardía”- argumentó aquel hombre. Luis se encaminó finalmente a la muerte atado a la mano de don José Polo Benito, Dean de la Catedral de Toledo, un bravo salmantino de 57 años, que fue beatificado en Roma en 28 de octubre de 2007, junto a 498 mártires españoles más, víctimas de la persecución religiosa en España. 21 de esos mártires beatificados, encontraron la muerte esa noche en Toledo.

beato josé polo benito

Beato José Polo Benito (1879-1936)

   Precisamente, la exhumación y estudio forense de los restos del beato Polo Benito previos a su beatificación en 2007, nos dan idea de cómo fueron a la muerte esos 80 hombres. El cadáver del deán de la Primada aún muestra los brazos atados a la espalda y los dedos engarfiados. Iban, por tanto, atados de dos en dos, con los brazos a la espalda unidos por las muñecas. De este modo se hacía imposible escapar de la cuerda de condenados. Imaginemos el estado de Luis, como todos los demás, despeinado, con barba crecida de un mes, tras cuatro semanas sin lavarse ni mudarse de ropa en la cárcel, en pleno julio; lleno de miseria, sucio, con hambre y sed.

   Los sacaron de la cárcel provincial, andando de noche por las calles de Toledo, con el alumbrado apagado, con el engaño de que iban a ser trasladados al penal de Ocaña, pero en cuanto cruzaron la puerta del Cambrón, los dividieron en dos grupos; unos fueron dirigidos a la explanada del matadero, cerca del puente de San Martín. En ese grupo iba Luis. Los demás fueron conducidos hacia la fuente de Salobre. El camión con las ametralladoras, los fusiles y la munición había salido una hora antes, y los piquetes de ejecución, formados por milicianos voluntarios de los partidos de izquierdas y de los sindicatos, ya estaban esperándoles en silencio en la oscuridad. En un momento dado, se acabó la farsa del supuesto traslado y los milicianos los pusieron contra la pared. El padre José Polo Benito les increpó enérgicamente por la infamia que iban a acometer, mentándoles el castigo de Dios. El miedo no enmudeció al Dean de la Primada. Viendo su fin irremediable, el padre Polo Benito animó a sus compañeros de martirio en sus últimos momentos. Un testigo de la matanza le contó al general Moscardó que Luis murió dando vivas a España, como tantos otros españoles en esa espantosa situación.

   Fueron primero ametrallados, después les dispararon con fusiles y por último los agonizantes fueron rematados con tiros de gracia o a culatazos. Polo Benito fue rematado con especial saña por soltarles “el sermoncito” a los del piquete. Los cadáveres de sacerdotes, militares, industriales y demás civiles de diversa condición fueron dejados al raso aquella noche, tras ser despojados de los objetos de valor por sus asesinos. Al amanecer del día 24 de agosto los cuerpos fueron transportados en camiones al depósito de cadáveres de Nuestra Señora del Sagrario, y dejados allí en un espantoso amasijo antes de acabar en una fosa común a la que los enterradores echaron cal viva, que dejó los cuerpos en los huesos en pocos meses. El cadáver del joven Luis Moscardó fue identificado por sus zapatos y la hebilla del cinturón, y recuperado de dicha fosa en enero de 1941. En la actualidad yace junto a sus padres y hermanos en el panteón del Alcázar de Toledo, inaugurado en 1943. 

   El 28 de septiembre de 1936 el coronel Moscardó apenas pudo disfrutar de la alegría de la victoria; los primeros pasos que dio por el Toledo liberado se los amargó un malintencionado mensajero de la muerte, que le anunció con regodeo el asesinato a manos de los rojos de dos de sus hijos: Luis y José. Su hijo mayor, José, había sido fusilado por milicianos anarquistas en las tapias del cementerio de Montjuic, junto a cinco militares más, el día 23 de julio. Don José, que sentía por sus hijos un profundo amor paternal, experimentó un inmenso dolor al conocer el fatal destino de Luis y José, del que no se sobrepuso totalmente hasta su muerte, casi 20 años después. Tuvo, sin embargo, el consuelo de volver a ver a su esposa y a Carmelo en las calles de Toledo, quienes apenas lo reconocieron por lo desfigurado y delgado que estaba. La alegría de madre e hijo fue enorme porque en la cárcel los carceleros rojos les habían asegurado, con todo lujo de detalles espeluznantes, que el Alcázar había sido tomado y que el coronel Moscardó había sido fusilado. Los últimos angustiosos días los habían pasado madre e hijo presos en el manicomio de Toledo, desfallecidos de hambre, pero protegidos de la muerte por un enfermero amigo. Miguel Moscardó, que iba con las tropas que liberaron el Alcázar, pudo reunirse también con sus padres y sus hermanos.

traslado restos luis moscardo

Traslado de los restos de Luis Moscardó, enero de 1941.

(Cortesía de F. Esquivias Moscardó)

reverso fotografia entierro luis moscardo

  Reverso de la fotografía del entierro de Luis Moscardó. Escrito de puño y letra por su padre, se puede leer:

Entierro de los restos de mi Luis. Cementerio de Toledo. 14 enero 1941

         

 

   Dos placas de mármol que recordaban en Toledo el asesinato de Luis Moscardó Guzmán y 79 personas más a manos de las milicias del Frente Popular fueron retiradas por el primer alcalde socialista de la “democracia”, sin duda ansioso de borrar el pasado sangriento de su partido político. Los marxistas pierden guerras y arruinan países enteros, pero suelen ganar la guerra sucia de la propaganda a la que dedican abundantes recursos ajenos. Son los campeones de la mentira; siguen empeñados hoy, igual que entonces, en demostrar que todo lo  sucedido  en  la defensa  del  Alcázar  fue un sueño, una “invención” de la  propaganda  franquista.  Eppure è successo, y, por mucha tinta y saliva que gasten estos falsarios, nunca podrán borrar lo que allí ocurrió.

   Nosotros seguiremos recordando con veneración y agradecimiento a nuestros mayores, que vieron sus vidas rotas por unos brutales acontecimientos de los que fueron, en gran medida, actores involuntarios, y continuaremos admirando su valor y su sacrificio, pues gracias a ellos crecimos en un país libre.  

                                                                                                                                                      Fe Saldaña

                                                                                                 Familiares de Víctimas de la Revolución Española

Fuentes:

 

Don Fernando Esquivias Moscardó.

elalcazar.org

religionenlibertad.com

www.persecucionesreligiosas.es  creada por el Padre Jorge López Teulon

blog Toledo olvidado. Eduardo Sánchez Butragueño

toledogce.blogspot.com

Arias, Inocencio. Los presidentes y la diplomacia. Editorial Plaza y Janés. Barcelona, 2012.

Bullón de Menoza, A.; Togores, L.E. El Alcázar de Toledo; final de una polémica. Madrid, 1997.

Caballero, Padre José. Diario de campaña de un capellán legionario. Madrid, 1976.

Castro Delgado, E. Hombres made in Moscu. Barcelona, 1963.

Gallego, Gregorio. Madrid, corazón que se desangra. Madrid, 1976.

Gómez Domingo, M. (Rienzi) ¡Guerra! Valladolid, 1937